Mundo Mágico | ***cuento de hadas*** | ***Blancanieves y los siete enanitos*** | Enlaces | ***CoNoCe eL mUnDo DeSeAdO*** | ***Curiosidades sobre Anastasia*** | Alicia en el País de las Maravillas | Caperucita roja | El lobo y los siete cabritillos | ***Fantasía**** | ***¿Sabías que existían billetes de micki? | Cuentos breves | dibujos para imprimir y colorear | fotos curiosas de dibujos disney | Productos Disney | | ***Comienzo de los Simpsons*** | ****Pelicula The Simpsons**** | Biografía de Walt Disney | Parques de Atracciones| Resumen
El lobo y los siete cabritillos
 
Imagen
Ocurrió que un día, Mamá Cabra dijo a los cabritillos:
- Hijitos míos, tengo que ir al mercado. Os quedáis solos en casa. No abráis la puerta a nadie. Mirad que el lobo anda rondando por estos lugares.
- ¡No abriremos a nadie más que a tí! ¡Vete tranquila! -dijeron los cabritillos.
Mamá Cabra tomó su canasto y se fue al mercado.
El lobo al verla salir se relamió de gusto pensando en los cabritillos que habían quedado solos dentro de la casa.
¡Toc, toc, toc! Los cabritillos preguntaron:
- ¿Quién llama?
- Abridme, soy vuestra madre- dijo él.
- ¡No te abrieremos! ¡Eres el lobo! Tienes la voz ronca y la de nuestra madre es fina- contestaron los cabritillos sin abrir la puerta.
El lobo se puso furioso. Probó a tirar la puerta y empezó a darle porrazos y empellones, pero no consiguió nada. Al final, cansado, se sentó en una piedra y se puso a pensar.
- ¡Ya sé lo que voy a hacer!
Se fue a casa del huevero y le dijo:
- Dame ahora mismo tres docensa de huevos.
El huevero, que le tenía mucho miedo, se las dio.
El lobo se zampó los huevos para que se le suavizara la garganta y se le pusiera la voz más fina.
Volvió a casa de los cabritillos. ¡Toc, toc, toc! Llamó a la puerta.
- ¿Quién es? -preguntaron los cabritillos.
- Soy vuestra madre. Abridme. Os traigo del mercado cosas muy ricas para comer- dijo el lobo con su voz nueva y fina.
- ¡Mamá, mamá! -gritaron los cabritillos creyendo que la voz que hablaba era la de su madre. Y ya iban a abrir la puerta cuando el hermano mediano, que era muy listo, dijo:
- ¡Enséñanos la patita por debajo de la puerta!
Y el lobo no tuvo más remedio que enseñar su pataza negra y peluda.
- ¡No eres nuestra madre!¡Eres el lobo! ¡No te abriremos!- le gritaron los cabritillos.
El lobo se puso aún más furioso que la primera vez y dio tantas patadas y tantos empujones a la puerta que se quedó sin aliento. Entonces se sentó en una piedra y se puso a pensar:
- ¡Ya sé lo que voy a hacer!
Y se fue a ver al molinero.
- Dame una orza de harina inmediatamente.
Y el molinero, que le tenía mucho miedo, se la dio.
El lobo metió la pata en la orza para que se le blanquease. Y volvió a casa de los cabritillos. ¡Toc, toc, toc! Llamó a la puerta.
- ¿Quién llama? -preguntaron desde dentro.
- Abridme, hijitos míos. Traigo el canasto lleno de buenas cosas para comer -dijo el lobo con su voz más suave y fina.
- ¡Enséñanos la patita por debajo de la puerta!
El lobo enseñó su pata bien rebozada en harina.
- ¡Esta vez sí que es mamá!- dijeron los cabritillos al ver la pata blanca. Y abrieron la puerta. El lobo entró, se comió a los cabritillos y se gue camino de su guarida.
Pero no se los había comido a todos. El cabritillo más pequeño se había escondido en la caja del reloj.
Al cabo de un rato llegó Mamá Cabra y se encontró la puerta abierta y la casa vacía:
- ¡Ay, mis hijitos! ¡Seguro que a todos se los ha llevado el lobo!
- ¡Quedo yo! -exclamó el pequeño saliendo de la caja del reloj.
Mamá Cabra y su hijo comenzaron a seguir las huellas de la malvada fiera. Encontraron al lobo a la sombra de un árbol. La barriga le pesaba tanto que se había sentado a descansar y se había quedado dormido.
Mamá Cabra se acercó callandito, abrió la barriga del lobo y liberó a los cabritillos. Luego, entre todos, llenaron el vientre de la fiera con piedras bien gordas, se la cosieron y se escondieron. Cuando el lobo se despertó, sintió mucha sed y se acercó al río para beber, pero la barriga le pesaba tanto que se cayó dentro del río y se ahogó.
Los siete cabritillos se fueron a casa para comer las ricas cosas que Mamá Cabra había comprado en el mercado. Y colorín colorado este cuento se ha acabado.